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sábado, 5 de marzo de 2011

Pobre Viejo - José Larralde

... y tarda en llegar al rancho, pues naide lo espera dentro.

Creo que, de todo lo que le pasa al pobre viejo de la canción, esto es lo más desconsolador. No tanto que viva solo, sino que no quiera llegar a su casa porque nadie lo espera. Me hace recordar la casa en la que vivía en el año 2001 junto a otros 18 estudiantes. Quería hacer todo lo posible por no llegar a ella, porque a pesar de estar repleta de compañeros, nadie me esperaba adentro.

Tiempo después, en La Guajira, lo que quería era permanecer encerrado en la casa en la que vivía, hubiera o no hubiera quien me esperara dentro. Daba igual, pues la idea era aprovechar el tiempo libre escapando del calor y conectándome a internet.

Cuando se es un forastero, esto de no querer llegar a una casa porque nadie espera dentro suele ser habitual, y por lo tanto, ya sabe uno cómo inmunizarse frente a esa maluquera. Pero el caso del pobre viejo es diferente, porque además vienen los achaques de la vejez, la falta de fuerzas y de ganas para continuar, los lejanos tiempos, el humo de los recuerdos y las sombras que le espantan el sueño. Tal vez no fuera tan grave si pudiera a irse a otro rancho, uno que no tuviera esas sombras y ese humo. Es una fortuna tener esa opción

Para los forasteros que hemos sentido ganas de tardar en llegar al rancho, Don José nos canta esta canción

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Pobre Viejo - José Larralde


La quemazón de los años, se hizo ceniza en su pelo
y ya no le quedan juerza pa´ aguantar solo el repecho
se le acoyaron la ausencia y ahora que ya va pa´ viejo
se le hace un ñudo la pena que enseña un pañuelo negro.

Se sienta al lao del fogón cimarroneando en silencio
y se le endulza el amargo pensando en lejanos tiempo
el pucho de su tabaco le anda temblando en los dedos
mientras le ñubla la vista el humo de los recuerdos.

Ensilla como al descuido, gana el campo al tranco lerdo
y tarda en volver al rancho pues naide lo espera adentro
de vez en cuando un silbido sin querer le sale al viento
dolor que brota en estino entre sus labios resecos.

En la noche mas oscuro sus ojos están abiertos
como buscando esa sombra que le anda espantando el sueño
ansina pasa las horas entre lucero y lucero
con esa cruz que el destino le ha clavado sin estar muerto.

La quemazón de los años, se hizo ceniza en su pelo
y ya no le quedan juerza pa´ aguantar solo el repecho
se le acoyaron la ausencia y ahora que ya va pa´ viejo
se le hace un ñudo la pena que enseña un pañuelo negro.




martes, 6 de enero de 2009

Colono (Jose Larralde)


Florecerán los besos sobre las almohadas
y en torno de los cuerpos elevará la sábana
su inmensa enredadera, nocturna, perfumada

Canción última - Miguel Hernández
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Muchos de los que apenas conocen a don José Larralde piensan que solo podría cantarle a la desesperanza, la desilusión y la angustia de los excluídos y oprimidos porque algunas de sus canciones son bastante melancólicas, pero no saben que don José también canta a la desbordante alegría que puede invadirnos si la fortuna anda con ganas de vernos sonreír.


La canción de hoy (que hace parte del álbum PERMISO) es un buen ejemplo de esas canciones que se cantan con sonrisota desbordante, los brazos abiertos y un intenso olor a buenas noticias saliéndonos a borbotones por todos los poros. El Colono no se cambia por nadie cantándole a su chinita linda que construyó un ranchito nombrándola y soñándola, augurándole momentos felices aunque sabe los obstáculos y las dificultades que se presentan (La tierra que está pisando por años la ha de pagar). Es al mismo tiempo una canción de agradecimiento y de optimismo, todo irá bien mientras esté allí su chinita linda, por quien con toda seguridad celebrará que el trigo empiece a dorar, por quien con mucha alegría construyó una casa nombrándola y soñándola.

He querido traer esta canción porque hoy estoy de celebración con mi chinita linda por un motivo muy parecido al que tiene el Colono, pues aunque no construímos un ranchito, sí comenzamos a pagar uno en no muy cómodas cuotas mensuales (que puede resultar más difícil de hacer), y si bien hay situaciones para ponerse a temblar (como saber que la tierra que estás pisando por años la hemos de pagar), hay otras tantas para decirle paisana mía, no estés temblando porque las buenas noticias no pararán de llegar. Ayer lo recibimos y las ganas de celebrar no nos caben en el cuerpo.

El ocurro del año será sin duda el ranchito construido cantándote y soñandote, y los buenos augurios que tan buena noticia trae bajo el brazo.

(La mañana tiene apuro por besarte, y yo también).

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COLONO (José Larralde)

Chinita vengo a llevarte pa'l rancho que levanté
en medio de los sauzales, soñándote ... Nombrándote
Dejá el apero del sulky que en ancas te llevaré.
La mañana tiene apuro por besarte y yo también.

Chinita linda mira mi rancho,
mira mi tierra, mira el arado, mira el jagüel.
Paisana mía, no estés temblando,
mi overo espera disimulado que me besés.

Deja que llegue el verano y el trigo empiece a dorar.
Sumándole la esquilada por ahí via andar pa'comenzar.
La tierra que estás pisando por años la he de pagar.
Rogale a Dios pa'que el tiempo quiera ayudar pa' trabajar.

Chinita linda mira mi rancho,
mira mi tierra, mira el arado, mira el jagüel.
Paisana mía, no estés temblando,
mi overo espera disimulado que me besés.

Mi overo espera disimulado que me besés.

viernes, 18 de julio de 2008

Me han echao en el fogón ramitas de mataojo


MATAOJO (Sapium Gladulatum): Arbol Caducifolio de hojas largas, espinosas y lanceoladas, tronco recto que puede alcanzar 20 metros de altura, muy común en el sudeste de sudamérica.

El nombre "mataojo" fue dado porque su látex, así como el humo producido durante su quema, es altamente irritante ocular.
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La primera canción que se me pasó por la cabeza a la hora de pensar en una banda sonora del Forastero fue Décimas de Jacinto Luna, que lleva su buen tiempo bailándome en los labios.

De la canción entera hay muchas frases favoritas, pero sin duda la más significativa para mí es esta que traigo como título hoy. En su momento dije que servía para poder justificar las ganas de no sonreir echándole la culpa a otro (en este caso, al humo del mataojo), pero hoy se me ocurre que quizá Jacinto Luna no tenía ninguna vergüenza qué ocultar como para andar mintiendo sus motivos.

Me imagino a Jacinto Luna sentado junto a su fueguito (como vi a Larralde en la película de Santos Vega). Pudiera estar feliz como Santos con su Petrona, o en buena camaradería con sus paisanos, o tocando la guitarra, o simplemente disfrutando un grato momento en soledad, pero entonces llega alguien y le echa en el fogón ramitas de mataojo y lo arruina todo.

Claro, el mataojo no tiene la culpa (es un árbol muy útil, además, que se utiliza para construcciones), ni la fogata ni el humo. La culpa tampoco es de quien arranca las ramitas y las trae cerca a la fogata, ni de alguien que se muera de la envidia y fantasee con llenar el aire de humo irritante. La culpa es de quien decide echar al fuego las ramitas, porque está en sus manos decidir no hacerlo.


lunes, 8 de octubre de 2007

No venga a tasarme el campo

No venga a tasarme el campo
con ojos de forastero
Como yo lo siento
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La canción de la semana, la que me remoloneará en la cabeza todo este tiempo, será "Como yo lo siento", de la que ya había hablado aqui. De esta canción tomo prestado el epígrafe de mi blog y el título de esta entrada para que ustedes lo lean, y si pudiera también transmitiría por aquí la sensación de paz que puede sentirse al tomar la voluntaria y libre decisión de quedarse solo, transmitiría que esa no es una mala noticia, que no es un revés de la suerte que quisiera cambiar, que por aquí se está muy a gusto (Aunque eso también pueda transmitir que se es egocéntrico y pedante).

A veces, por las razones que sean (el punto de hoy no es ése), El forastero logra encontrar un campo tranquilo, con su arbolito para matear en silencio, y decide quedarse allí y que el resto del mundo siga persiguiendo sus sueños campo afuera, como el perro que persigue su cola.

Pero entonces aparecen las visitas gratas (que debe ser lo más sabroso de vivir solo) y también aparecerá uno que otro keikes a ofrecernos muy amablemente lo poco que tiene para darnos. El campo del forastero puede llenarse de motivos para sonreir y puede prenderse un gran fuego para que todos se acerquen y llenen el aire de chispas de colores. Aquí se está bien, aqui se ríe y se sonríe de sobra, se come en camaradería, se duerme muy a gusto, se abraza por convicción. Pueden faltar las alfombras, la calefacción central, la cocina gourmet, las avenidas de cuatro carriles y el multiplex de 12 salas. Eso no hace falta en mi campo, si le hace falta a usted, no piense que me hace falta a mi, no quiera tasar mi campo desde su perspectiva. Acuérdese de Derzú y entenderá.

Por eso le reitero: Cualquiera puede venir a este campo, sentarse junto a este fueguito, escuchar lo que esta boca tiene para decir. Cualquiera que quiera venir será bien recibido, siempre y cuando no venga a tasarme el campo con sus ojos de forastero.


martes, 12 de junio de 2007

Como yo lo Siento (Osiris Rodriguez)

Original de Osiris Castillo, pero la mejor versión es la de José Larralde
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Cuando uno se ha hartado de todo también puede elegir quedarse en algún lugar y esperar que nadie venga a importunar. A veces uno logra hacer las paces entre el montón de cosas que quieres hacer, decir o gritar y las ganas de irte y aislarte para que te dejen tranquilo mientras se te pasa. A algunos forasteros esta etapa nos dura mucho, y ya no se trata de si encajamos o no encajamos, de si nos hartamos de algo o solo hay un poco de cansancio. Se trata de algo más profundo, que nos diferencia mucho de los no-Forasteros, y es esa posibilidad de disfrutar realmente del hecho de estar a solas. Unas horas o unos años, no importa, Estarse solo es una alternativa seductora en la que muchas veces caemos, sonriendo, en paz.

Muchos habrá que no entinenden esto, más aún si el lugar que escogemos es un poco agreste y vacío. Muchos habrá que ven en esta decisión voluntaria un error de esos que cometen los que han entregado su voluntad a lo primero que les endulce la vida. No entinenden cómo es que nos agrada la idea de ser cardo de estos llanos, totoral de estos esteros, cómo es que nos conformamos con tener por compañia un arbolito que no da leña ni pa un frio, que no da una flor ni pa remedio. Quieren salvarnos de ese tormento y entonces vienen a tasarnos el campo con sus ojos de forastero.

Este verso, que con permiso de don Osiris Rodriguez tomaré como epígrafe del Blog (eso lo explico aquí), me parece más bello y más cargado de significado que libro enteros acerca del tema. Ya puedo imaginar a algún forastero venir a ponerle precio a lo mío, a lo construido, lo vivido y lo celebrado, ignorando que Mi campo conserva cosas guardadas en su silencio, y despreciará mi arbolito sin pájaro amigo que pa mi es compañero. Medirá mis cosas con su rasero, son sus ojos de forastero y quizá quiera convencernos de que nos vayamos de ahí.

Muchas veces nos pasará, forastero, que venga alguien a tasarnos el campo. Medirá, calculará, sacará conclusiones y se sentirá magnánimo al hacernos la oferta. Muchas maneras habría de rechazarla, qué buena respuesta la que propuso don Osiris: Su cinto no tiene plata ni pa´pagar mis recuerdos...

COMO YO LO SIENTO
Osiris Rodriguez Castillo

No venga a tasarme el campo con ojos de forastero
porque no es como aparenta sino como yo lo siento.
Yo soy cardo de estos llanos, totoral de estos esteros
ñapindá de aquellos montes, piedra mora de mis cerros
y no va a creer si le digo que hace poco lo comprendo...

Debajo de este arbolito suelo amarguear en silencio
si habré lavao cebadura pa´intimar y conocernos.
No da leña ni pa´un frío, no da flor ni pa´remedio
y es un pañuelo de luto la sombra en que me guaresco
no tiene un pájaro amigo, pero pa´mí es compañero...

Pa´qué mentar mi tapera, velay, si se está cayendo
la han rigoreao los agostos de una ponchada de inviernos.
La ví quedarse vacía, la ví poblarse, e´recuerdos
solo pa´no abandonarme le hace pata ancha a los vientos
y con goteras de luna viene a estrellar mis desvelos...

Mi campo conserva cosas guardadas en su silencio
que yo gané campo afuera, que yo perdí tiempo adentro.
No venga a tasarme el campo con ojos de forastero
porque no es como aparenta sino como yo lo siento.
Su cinto no tiene plata ni pa´pagar mis recuerdos...

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martes, 29 de mayo de 2007

José Larralde


Una mujer cantó. Desgarró la noche con la voz más bella que yo haya escuchado jamás. La voz más bella, la más dolida: clavada en el negro fulgor del empedrado, esa mujer cantó el alarido de todos los solos del mundo.

La Voz, Eduardo Galeano


Eduardo Galeano cuenta su encuentro con esta mujer de Praga, en una esquina de la calle Celetná. Dice que era paralítica, dice que se calló muy pronto cuando unos muchachos se burlaron, pero no dice qué cantaba la mujer, qué canción, qué palabras, o qué ritmo.

A mí también me pasó: Una vez, hace dos años, alguien Desgarró la noche con la voz más bella que yo haya escuchado jamás. La voz más bella, la más dolida: clavada en el negro fulgor del empedrado, esa voz cantó el alarido de todos los solos del mundo, y fue la voz de don José Larralde.

Desde entonces no he parado de escuchar esa voz, que no solo canta el alarido de todos los solos del mundo, ni su clamor y su desconsuelo, sino también su silencio, su forastereo. sus ganas de callar y de que nadie perturbe esas ganas de que la sonrisa arrastre los pies. Después de conocerlo, todo forastero mantendrá con gusto en su boca una canción de José Larralde y se sentirá acompañado cuando lo haga .

Les dejo sus palabras introductorias a su último álbum: A las once menos cuarto. De verdad que dan ganas de cebarse unos mates y sentarse a escucharlo


Siempre pensé, que a medida que pasaran los años, el hombre (o al menos yo) llegaría a dominar y manejar los sentimientos y los estados de ánimo de cada día, de cada hora, de cada minuto de la vida.

Siempre creí que el hombre madura a medida que va pudiendo controlar sus emociones y la mente era el gran director de esa compleja orquesta que es un todo, desde los pelos hasta las uñas de los pies.

Hoy, a mi edad, reconozco que no lo logré, y sigo obedeciendo los requerimientos de todos y cada uno de mis órganos: mi corazón, mis tripas, mis riñones y a todas las sensaciones que me producen, hasta el más enclenque de mis glóbulos, en una palabra, soy un esclavo de mí mismo, y lo peor es que no me puedo sustraer, aún negándome, a tal dictamen.

Quizá sea, porque soy el producto de un tiempo que no pasa, pero que obligadamente yo, paso por él, desconcertado a veces, lastimado y lamiendo mis heridas, las viejas y las nuevas, las heridas que la vida pone en la vereda de enfrente y uno, inexorablemente cruza la calle del "son mías" y cuando ya no tiene en el cuerpo y el alma donde ponerlas, las mete en los bolsillos por "si mañana me quedo sin ninguna".

Eso soy, creo que eso soy, simplemente un "coso" acostumbrado a estas cosas. Creo que algunas están en estas canciones. Gracias

JOSE LARRALDE

Algunas no, Muchas de "estas cosas" están en sus canciones. Don José Larralde será un invitado frecuente por aquí. Ya ha venido a mostrarnos sus Décimas de Jacinto Luna, su Como yo lo siento, su Colono y su Forastero. Pronto vendrá con muchas más

Gracias a usted, Don José.
Aqui, el grupo Facebook de Fanáticos de José Larralde

miércoles, 4 de abril de 2007

El Forastero (José Larralde)

Con esta canción comenzó todo
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Si uno busca bien, existen muchas canciones con la palabra "Forastero" en el título. Unas bastante tontas, otras monumentales, y otras ahí ma'o menos. Unas son para bailarlas (Como la de Luis Felipe Gonzáles) y otras son para bajarle los humos al ánimo, que de súbito se alegra sin motivo aparente.

La canción El Forastero, en vesión de José Larralde, es de las momumentales, de las que uno quisiera escuchar en la barra de un bar en la que no conozcas a nadie, mirando la copa, en silencio. Es un poema largo que cuenta una historia más que contar algo sobre el ser forastero, pero tiene sus partes agudas que se sienten en la carne como si dolieran. Me gusta más el comienzo, cuando narra la manera en que no encaja, en que despierta curiosidad (y luego temor) solo porque viene de lejos, tal y como me suele suceder por aquí. Por esta canción es que en el MSN me llamo "El forastero", por esta canción el blog se llama así. Un brindis para don José Larralde, de quien muestro la foto y de quien ya he traido otras canciones aquí y aquí.


El forastero (Osiris Rodriguez Castillo)
(Versión de José Larralde)


No es fácil que me pregunten pa' onde voy y de ande vengo,
me ven aflojar la cincha, manear, prender el cabresto
y ya me quedan bombeando, cavilosos y en silencio.
Calculan - por la mirada - que debo venir de lejos...
¿Por el estado del caballo? No... porque no galopeo,
más bien me gusta ir al tranco, no más al trote charquero.
Galopié mucho una vez... y llegué tarde lo mesmo.

Mis señas son las de tantos, sólo que visto de negro
y llevo el luto crecido en el facón y en el pelo.
Dicen que tengo unos ojos tornados que nunca llovieron
y que a gatitas se ven relampaguear cuando quiebro
la noche oscura y redonda del ala de mi chambergo.
De ahí que sólo en la mirada sepan que vengo de lejos
El paisanaje me mira desconfiao mientras maneo
como yapa de una prosa, con el overo azulejo;
le acomodo unas palmadas por la tabla del percuezo,
después me arreglo el carpincho, tanteo el facón... y dentro.

Veinte voces se agazapan en la sombra de mis pijuelos,
ven que roncan y se arrastran las dos rodajas de fierro.
Saludo y se alzan las voces: - Buenas tardes, forastero...
me hacen contra el mostrador un corralito 'e silencio,
me dejo encerrar en él, pido la cuenta y ahí quedo.

Difícil que me pregunten pa' ande voy ni de ande vengo;
de esta laya en tuitos lados, de norte a sur, ande llego,
en mostradores o riñas, o cuadreras... es lo mesmo;
ocasiones (se me ocurre) que he nacido forastero.
Pero no, yo tuve un pago y un nombre, hace mucho tiempo...
tanto, que ni de mi pago ni de mi nombre me acuerdo.

Una vez formé una tropa... grande, vacaje franquero;
como el aparte fue bravo, me entró un refugo de sueño.
Suelen ganarse en el monte cuando es muy mozo el tropero;
no hay tropa que marche bien ansí, ganao desparejo...
las vacas van más dispacio, los sueños van más ligero.
Tuve que extremarme mucho pa'emparejar ese arreo;
con todo, se dispararon dos veces, perdieron peso...
pero, como estaba de Dios, caí a Tablada con ellos.

Cuando amorralé la plata, no sé que sentí por dentro:
me corrió hasta las espuelas un temblor como de beso.
Con el alma en las rodajas le saqué flecos al viento,
las leguas se me alargaban y las clavé en el sendero,
desnudando un grito largo, mellao de rabia en el pecho.
Quise ganarle a las horas pero el tiempo es parejero;
galopié mucho esa vez... y llegué tarde lo mesmo.

Ahura, al pasar por los ranchos, a boca 'e noche compriendo
que algo debe andar conmigo, parecido al mal agüero.
Las mozas quedan tristonas y se santiguan los viejos;
creerán que soy gaucho malo, me llaman El forastero
y he de parecer tapera, por algo que traigo muerto.
Yo, yo soy hombre pa' uno sólo, no más lo busco hace mucho tiempo...
no me muero, pa' encontrarlo y ¡Amalaya no haiga muerto!
Cuando lo halle, habré gastado mis leguas de forastero
y pa' no andar sin por qué, voy a enderezar noche adentro.

Lo imagino a Tata Dios, mirarme dende el alero,
mientras desmuento despacio, desensillo, saco el freno
y palmeándolo en el anca, suelto a mi overo azulejo.
No sé si Él me irá a decir, como tuito forastero,
conocerá en mi mirada que vengo dende muy lejos
¿Por el estado del caballo? No... porque no galopeo;
galopié mucho una vez... y llegué tarde lo mesmo.

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martes, 20 de febrero de 2007

Décimas de Jacinto Luna


La mejor canción para describir el andar de Forastero, estas décimas se sienten en la garganta con el polvo de los caminos que uno tiene que tragarse cuando anda por ahí haciéndose el que busca lo que se sabe que no se va a encontrar. Resignado a mi destino de andar siempre peregrino, como para explicar el desasosiego de no intentar salirse del juego; Me han echao en el fogón ramitas de mataojo, como para explicar estas ganas de no sonreir y echarle la culpa a otro, a la fatalidad, una afrenta impersonal que nos tenemos merecida; Ni me espera una querencia ni los caminos me espantan, aunque a veces (para nuestra fortuna) no resulta siendo cierto

Si quieren buscarla, que sea en versión de José Larralde (y perdón por Zitarrosa, pero sale perdiendo), porque esa guitarra dice más que toda la letra, y ese vozarrón ayuda a que la mirada vaya al suelo a ver cómo se patean piedritas y se arrastran los pies, que eso resulta ser precisamente lo que queremos hacer algunas veces.


Décimas de Jacinto Luna (Osiris Rodriguez Castillo)


No pregunten de'onde soy,
vengo del tiempo aparcero,
y ni los mismos senderos
Comprenden pa’ donde voy;
voy tiempo arriba y estoy
resignado a mi destino,
de andar siempre peregrino,
durmiendo sobre mis garras,
y despertando guitarras
a la orilla del camino.

Sin fajón en la carona
ni lazo atado a los tientos,
traigo un temblor que los vientos
dejaron en mis bordonas,
y una pena en las lloronas
que no quieren alzar vuelo,
porque el rigor del pihuelo
la lleva atada a mi huella,
pa' que no se hagan estrellas
alumbrando desde el cielo.

Ni me espera una querencia
ni los caminos me espantan
porque no hay pa’ los que cantan
más pago que el de la ausencia;
nada me ata a la existencia,
voy muriendo al tranco lerdo
cada atardecer me pierdo
tras los horizontes rojos,
con un niebla en los ojos
y acosa’o por los recuerdos.

Me han echa’o en el fogón
ramitas de mataojo,
espinas en el rastrojo,
un dolor en el corazón;
y voy con esta canción
en los labios de una herida,
pa’ que al final de mi vida
quede mi canto despierto,
pues todo cocuyo muerto
deja una luz encendida.