sábado, 12 de diciembre de 2009

Déjenme Cantar

En octubre de 2007 tuve que llamar a la pelirroja (Que en ese entonces aún no era MI pelirroja) por asuntos de trabajo. Después de algunos minutos hablando de informes, asistencias y capacitaciones, me preguntó cómo estaban los profesores con los que trabajaba esa tarde. Mi respuesta la sorprendió:

- Bien, aunque están preguntándose si me habré vuelto imbécil de repente.
- ¿CÓMO ASÍ???
- Pues, a juzgar por esta estúpida sonrisa...

Y es que era cierto: yo andaba sonriendo más de la cuenta, con más intensidad, con todas las ganas y con todo el cuerpo. La idea la saqué de la canción de Joan Manuel Serrat "Dejad que cante el muchacho" y tuve éxito porque entonces ella comenzó a reír sin parar (y eso siempre me ha gustado), y de paso le dejé explícito que escucharla me alegraba el día hasta el extremo de dejarme una sonrisa de esas y de provocarme unas enormes ganas de cantarle alguna canción optimista que dijera que quería verla.

Un año antes, el asunto también había comenzado cantando: mi torpeza con los cronogramas y los horarios (bendita torpeza, en este caso) nos hizo llegar a una escuela seis horas antes de la hora prevista para la reunión, sin muchas posibilidades ni ganas de dar media vuelta y regresar más tarde. Ese fue el día en que comencé a conocerla, y fue a partir de las canciones que le gustaban (en realidad, a partir de retazos de esas canciones). En esa ocasión yo también quise cantar.

En el año que pasó entre esos dos eventos, ella viajó a Riohacha varias veces y siempre pensaba que ese sería su último viaje, pues los cronogramas estaban así planeados. Yo ya lamentaba la idea de que no regresara, por eso en una ocasión quise cantarle canciones para decir adiós (unas optimistas y otras no tanto).

Al poco tiempo del incidente de la estúpida sonrisa regresé a Bogotá, obviamente llevando puesta una estúpida sonrisa porque ella me esperaba en el aeropuerto y yo tenía muchas ganas de cantarle canciones que celebraran el reencuentro. Siete horas después ya éramos novios comprometidos (cerramos el trato con un apretón de manos) y desde entonces no he parado de cantar.

Por eso hoy quiero compartir la canción de Serrat, porque el ocurro de este mes es que conmemoramos dos años de aquella noche. Dos años de querer cantar y de querer decirle a todos "Dejad que cante el muchacho, ese que se ha enamorado"



DEJAD QUE CANTE EL MUCHACHO
(Joan Manuel Serrat)

No pienses que tiene nada contra ti
si te atropella por la calle y no te dice adiós:
es porque no te vio.
No hables de ingratitud,
sabes que estima tu compañía en lo que vale;

no es que se haya vuelto imbécil de repente,
a juzgar por esa estúpida sonrisa,
ni creas que se confunde si te llama Margarita.

Es difícil, pero trata de entender
que no se le rompe el alma aunque le veas llorar,
ni juega sucio por no decir la verdad
ni oculta nada porque esconda algunas cosas.

Dale tiempo y disculpa la soberbia
de quién se siente un hombre afortunado.
Dejad que cante el muchacho,
ese que se ha enamorado

1 comentario:

Perséfone dijo...

Me río de emoción y lloro de ternura. ayyyy! abrázame, abrázame!