domingo, 11 de marzo de 2007

Los 80 de Gabo


El ocurro de la semana fue sin duda el cumpleaños de Gabo, del que tanto se habla, se escribe y se comenta (Especialmente personas a las que se les nota que no han leido una página de su obra). Yo también quisiera hablar, escribir y contar mucho sobre el Gabo, que de lejos es mi escritor favorito (Aunque suene a respuesta de descerebrada Reina de belleza), pero la red debe estar llena de textos bien hechos, hermosos y delirantes, presuntuosos y snobs, serviles y cepilleros, acres e incisivos, y de todos los calibres posibles e imaginables que hablan de este maestro del delirio, y mucho mejor de lo que pudiera hacerlo yo.


Pero tampoco quiero quedarme callado, aunque hay mucho para decir (sólo denme cuerda y les hablo de lo mucho que disfruto leyendo a Gabo), así que me enfocaré en el tema del blog. No es que baste con calificar a gabo de Genuino Forastero (una perogrullada, pues es parte del patrimonio mundial de la humanidad, tanto como del hispano o el colombiano, y en toda "Vivir para contarla" queda evidente que lo ha sido desde niño) sino por la facilidad con que ha creado personajes forasteros de mucha importancia en sus obras, con quienes logramos identificarnos y solidarizarnos de sus extrañas actitudes y decisiones. Quisiera hablar próximamente de muchos de ellos, ahora sólo mencionaré a dos (Pensaba referenciarlos todos, pero me salieron un montón), mis muy favoritos.
  • En el amor en los tiempos del cólera, Florentino Ariza mostrado como un eterno forastero que aunque no abandona la ciudad, nunca estará en su propio lugar mientras no esté en el corazón de Fermina (aunque sabe distraerse mientras llega el momento)

  • En el otoño del patriarca, El anciano de granito visto como un forastero de su propia vida y su propio cuerpo cuando ya el poder era tanto que ni lo podía manejar, cuando toda la maquinaria del poder gobernaba por él y sin siquiera poder escapar, cuando los obreros de la casa presidencial le decían por qué no te haces donde no estorbes y él sin saber dónde hacerse. Un forastero en su propia casa


Un gran aplauso para el Gabo. Ojalá la cuerda le dure para muchos libros más (se les leerá con fruición, según la costumbre)

2 comentarios:

Mariet dijo...

¿Y qué me dices de Melquiades, que iba de Macondo a Singapur, de Singapur a Java, de ahí a las tierras de los sabios babilonios y de allí al Valle de Upar, al infierno, a los confines de la tierra o al cuartito lleno de bacinillas y libros antediluvianos en en casa de Úrsula, no más para volver a empezar su viaje interminable por mundos,submundos y extramundos?

¿Qué de José Arcadio que decidió recorrer el mundo con los gitanos?

¿Qué de todos esos tantos?

El Forastero dijo...

De esos otros tantos hablaré luego, y de Aureliano, que fue tan forastero en su casa que a él le pasaba un tiempo diferente que a los demás, y la horda de forasteros (llamada hojarasca) que transformaron macondo en un pueblo diferente donde a la gente se le ocurría ponerle a los hijos los nombres de las calles, y falta la durmiente del avión, y blacamán el bueno, que aprendió del malo a ser forastero cuando le salió el tiro por la culata, y los dos de ojos de perro azul, forasteros de día que solo logran estar en su lugar durante el sueño.

Son muchos, como ves. Pero mis favoritos son esos dos