martes, 20 de febrero de 2007

Largarse


Muchos hay en la historia que se largaron y les fue bien, pero no podríamos llamarlos precisamente "Forasteros". Haber sido explorador, colonizador o conquistador no te deja ser un forastero porque llevas tu patria contigo, aunque sea para que te asuste de vez en cuando. Ser Misionero o monje tampoco te lo permite, porque siempre piensas que tienes la razón, de modo que los desubicados, los fuera de lugar son los demás, y terminas por convencerlos.

Largarse no necesariamente hace un forastero, pero es la manera más fácil de volverse uno. Puede ser la más divertida y menos dolorosa, también la más tonta y baladí. Muchos que querrán presumir de forasteros (los hay) se largarán a hacer un periplo que les llene la boca cuando les toque hablar sin tener siquiera los huesos para serlo.

Pero largarse no es fácil, especialmente la primera vez (Lo más difícil no es aguantarse las ganas de saber qué sucedió después de la partida, como pensará algún novato). Hay que saber juntar lo que nos vamos a llevar, hay que saber arrebatarle a los demás eso que nos llamará de regreso, hay que saber olvidar por ahí lo que nos haga mirar atras, y saber hacerse el bobo cuando nos hagan el reclamo. Con el tiempo nos volvemos hábiles, y ya vamos por ahí largándonos a toda hora, y la mayoría de la gente ni se dará cuenta. Buen momento para sentarse a descansar, porque nadie se dará cuenta.

Largarse a veces es un arrebato descerebrado, otras veces nos parece que debimos haberlo hecho antes. En otras ocasiones envidiamos a estas "flores de nada" , aunque la mayoría de las veces pensamos que ellas deberían envidiarnos a nosotros:


El principito atravesó el desierto y no encontró más que una flor. Una flor de tres pétalos, una flor de nada...

-Buenos días -dijo el principito.
-Buenos días -dijo la flor
-¿Dónde están los hombres? -preguntó con cortesía el principito. La flor había visto un día pasar una caravana:
-¿Los hombres? Debe de haber seis o siete. Los vi hace años. Pero nunca se sabe dónde encontrarlos. El viento los pasea. No tienen raíces, y eso los fastidia mucho.

1 comentario:

Mariet dijo...

Cúantas veces hubiera dado la vida entera
porque tú me pidieras
llevarte el equipaje.
Ahora es demasiado tarde...